19 enero, 2010

Los amantes

Entré y no veía nada. Entré por varias razones. En primer lugar tenía ganas de ver a un amigo que hace tiempo no veía. En segundo lugar tenía más ganas de escuchar un poco de música en vivo, de cualquier tipo, al fin y al cabo en vivo y en directo todo suena copado y podés estar viendo cualquier cosa pero te la bancás e incluso es fácil que te guste. Por último, quería conocer aquél lugar desde hacía mucho tiempo: me lo habían recomendado, me habían invitado pero yo nunca había ido. Así que fui, entré y no veía nada. Y sentía que me veían todos, caminé a ciegas unos metros y traté de sentarme donde pude y no sé dónde era eso exactamente. Había mucha gente fumando y charlando, mi amigo había quedado atrás.
Pero la música estaba buena y estando sólo estaba mejor, no tenía que estar pendiente de otra cosa. La música era sencilla, tocaban bien pero nada del otro mundo, no había que prestar demasiada atención. Ni siquiera sé cómo se llamaban, por ahí no tenían un nombre, es algo difícil de encontrar.
Pero...¿cómo llegué ahí? Bueno, me había invitado otro amigo que conocí una vez en un bar. No soy de los que conoce gente en el bar pero a este chico me lo presentaron y yo estaba de un humor excepcional aquel día, así que comenzamos a charlar sin esos extraños espacios en blanco que suelen suceder en mis conversaciones con gente que no trato. Ahora, no, yo no lo llamaría amigo exactamente. No... digamos conocido. Este conocido me invitó, porque él iba a leer algunas de sus cosas, y no tenía ganas de ir pero al final me convencieron. Fui.
Y ahora estaba ahí arriba -no tan arriba- en el escenario saludando contento a los que habían ido. Y miraba especialmente a una persona, que estaba sentada cerca mío. Muy cerca mío. Yo la conocía también, del mismo modo que conocía a casi todos los que estaban en ese cuarto. Pero lo más gracioso es que muy pocos me conocían a mi. Yo sabía mucho de ellos, sus relaciones entre sí, sus sentimientos entre sí, sus nombres y caras pero ellos no tenían idea de eso ni de nada. Eran músicos, escritores y actores pero no tenían idea de nada. Eran como niños, autómatas, ellos simplemente vivían y no miraban para atrás ni para adelante ni quiénes los miraban. Qué extraños me parecían, pero ¿les tenía celos? Supongo que no. Tal vez en otra época pero justo ahora no. Mi vida iba de modo distinto al de ellos y eso estaba bien. No pertenecía.
Aún así, los conocía y ellos no a mí y entendía muchas cosas. No es todo importante pero mi amigo el de arriba del escenario miraba a esta chica sentada cerca mío y era tan claro.
Empezó a leer pero no dejó de mirarla. En los pequeños intervalos del final de cada estrofa levantaba la vista. Le prestaba más atención a ella que a su novia, era clarísimo, pero nadie se avivaba. Tal vez yo no me habría avivado, pero de alguna manera siempre termino enterándome y conociendo la vida secreta de los otros. No era una especie de chusmerío lo mío. No... eso es un trabajo activo, cuando lo mío era más bien algo pasivo: simplemente, el mundo se desarrollaba a mis pies, a mis ojos. Yo estaba quieto, estático en la nada y esa gran bola de nudos se enredaba y desenredaba eternamente ante mí, como queriendo hacerme entrar en ella pero sin conseguirlo. Porque yo estaba fuera de eso, sentía que en el mundo, mi único rol era el de la tercera persona.
Mientras tanto, ellos podrían seguir jugando y contándome por separado sus aventuras, yo no iba a decir nada, los dejaría continuar en su mundo, amándose y odiándose sin transiciones ni medio-tiempos, creyendo que no existía nada más que sus manos entrelazadas y el techo y las almohadas grises de aquél departamento de Caballito donde iban a parar todas las tardes, y aunque a la noche ya no supieran cómo reiniciar el juego, yo sabía que volverían una y otra y otra vez.

8 comentarios:

  1. Sentada en la ribera de mi ventana
    veo el rio pasar
    lo huelo,
    lo toco,
    siento su presencia...
    me dejo tocar,
    oler,
    presentir...
    (solo un ratito)
    Para volver luego
    junto a los juncos
    a ser presencia y ausencia
    (tan solo mirada)

    ResponderEliminar
  2. Hace un esfuercito, boy..
    Pensé que no tenia importancia el nombre ya que simplemente me pareció que mi yo lírico y tu narrador se entendian muy bien y por eso te comente :)ajjajaja

    ResponderEliminar
  3. Frio frio, muy frioooo..
    Pero..¿Porqué queres romper el juego? Si te dijera de una quien soy dirias:"uy! mira ni me lo esperaba" o quizá: "naaaaa" y sería aburrido...¿o no?

    ResponderEliminar
  4. Pero el juego para ser juego debería tener las posibilidades de avanzar. ¿Alguna pista?

    ResponderEliminar
  5. ¿Qué te parece si te la doy el último día del verano?

    ResponderEliminar
  6. bueno, pero no te caigas al agua.
    Gané, ja!

    ResponderEliminar
  7. Este esta mucho mejor jaja.
    Mira vos, cada vez me sorprendes mas.
    See you

    ResponderEliminar