07 septiembre, 2010

Acto Cuarto

(Ahora todo es oscuro y turbio, es agua negra en la que no existen tanto las direcciones. Los focos de la luz de la calle crean círculos de salvación, mundos autónomos en los que la realidad tiene aún algo de lo que era unas horas atrás. Vamos caminando juntos. En realidad me está guiando, conduciéndome a través de la selva oscura.)

- El problema es que diga lo que te diga, no va a cambiar nada, vas a seguir siendo como sos, golpeándote contra todas las paredes.
- Vos decidiste dejar de ver esas paredes, hacer como si no existieran.
- Y eso es lo que hay que hacer. La forma de vida que llevás, el modo en que pensás, eso es lo que te está haciendo mierda.
- Las paredes existen independientemente de uno.
- No

(Sí. Me queda clarísimo el tipo de persona que pensás que sos. Así y todo yo pienso que podrías ser completamente diferente. Y que en el fondo hay otra cosa, hay un núcleo muy difícil de ver, que está más allá de todos los accidentes de tu vida)

- Venía por la calle y pensé que te vi, viniendo hacia mi por la misma vereda. Pero sospeché... había algo que no estaba bien. A tiempo me crucé, primero titubeando sobre el cordón y finalmente atravesando la calle como a un río. Hice bien, evité una desgracia. No se parecía en nada y desde la otra vereda me gritó si tenía cigarrillos. Le dije que no. No escuchó y volví a repetírselo, ya mirando para otro lado, y doblando la esquina.
- Bien por cruzar a tiempo.

(Pero no, que no es a tiempo. Que si te veo a vos no cruzo, y eso es una desgracia peor e inevitable)

- Pero no, que no sos mi Virgilio y mucho menos mi Beatriz.

(Ya ni me escucha. Quiero decirle lo importante que es para mi, quiero decirle que es el detonante de todo lo que escribí, o de gran parte de lo que escribí)

- Me hubiera gustado que leas lo que escribí...

- ...¿De qué hablás?

05 septiembre, 2010

Acto Tercero

(Todo se me fue de las manos. Ahora me gustaría irme, poder irme. Y al mismo tiempo necesito que se quede a mi lado)

- ... el otro día vi desde el colectivo a dos amigos que caminaban sincronizando sus pasos, aunque creo que lo hacían sin darse cuenta. De todos modos, me acordé de cuando hacíamos eso todo el tiempo, caminábamos mucho, antes...
- Mirá, ya estás hilando ideas de la nada, cambiándome de tema todo el tiempo, ¿a qué salió eso?
- Tenía ganas de decírtelo y ahora me acordé, recién ahora, bah, desde hace un rato. Y ahora ya no lo hacemos más, ¿por qué creés que pasó eso?
- No sé... no es que caminemos menos juntos. Por ahí caminamos más solos y ahora tenemos nuevos hábitos.
- Mmmmmsí, puede ser. Como ahora, bueno, no estamos caminando pero...

(Se creerá que a medida que avanza la noche, el diálogo se torna exógeno, es lo común, es lo que pasa en la novela realista. Pero no. El silencio exterior crece -sin que eso moleste a nadie- y a eso se le opone el estallido de las diferentes voces internas, donde el diálogo es siempre más fluido, más sincero y abundante.)

- Podemos irnos, si querés, y caminar.
- No, a vos te queda mal, y justo ahora... no tengo ganas.
- ¿Qué pasa?


- Nada... no sé. No puedo soportar el mirar para otro lado. Perdón, soy malísimo hablando, ya sabés, mi fuerte no es la oralidad. Pero voy haciendo progresos. Lo que quiero decir es más o menos como dice la canción, "Me alejo un poco de vos, luego de un rato vuelvo, cambiaste la voz, tus ojos miran serios...". ¿Entendés? Se me hace muy difícil continuar caminando sin ver a los demás; cuando están fuera de mi vista siento que cambian...
- ¿Qué querés?¿Controlar todos sus actos?
- No... ni mucho menos. Sólo te hablo de lo que siento...

(Y vos también sos así. Primero me das la razón, pero después te vas y hacés exactamente lo contrario. Y aunque no lo sea, no puedo impedir ver eso como una traición, un engaño. Vos, tal vez la persona más fiel que me crucé en la vida.)

- Leí lo que escribiste...
- Sí, me lo esperaba.

03 septiembre, 2010

Acto Segundo

(Han pasado algunas horas. En el medio hubo mucho y no tanto: un almuerzo, un par de viajes en tren y colectivo, dos clases. Acordamos encontrarnos para cenar algo rápido antes de reunirnos con los demás. Sólo nos acompañan cuatro o cinco personas más, en sus respectivas mesas.)

- Estamos cerca
- Qué pocas ganas de ir que tengo...
- ¿Y entonces para qué venís? Quedate en tu casa y listo.
- Es que al final la termino pasando bien. Igual, el faltar, el estar ausente, a veces me da como una... no sé, satisfacción secreta, que no sé a qué se debe.
- No sabés... la bronca que me da cuando decís cosas así.

(Se enoja, mira para otro lado, un enojo desmedido que me enoja mucho más a mi.)

- Bueno, bueno, no es para tanto...

A veces no te entiendo. No entiendo tus modos de pensar. No... no es eso. En realidad los entiendo, a todo eso, tus estados de ánimo y formas de pensar. Dije cualquier cosa: los entiendo, pero no estoy de acuerdo con ellos. Son tan maleables, tan dinámicos, según la gente alrededor, según el medio por el que hablemos. Son como personas diferentes, no máscaras sino perfiles que salen a la luz de una forma u otra. Y lo peor es que no sé cómo elegir cuál es el que te representa mejor, creo que ninguno.
- Vos decís eso de todo el mundo. Pero vos también sos así. Cuando estás en tu casa parecería que no vas a salir más.

(Seguimos comiendo. El lugar es como un órgano pequeño implantado en el medio de la ciudad. Todo es rápido, casi frenético, cercano y asfixiante, el espacio se distorsiona y un cuarto chico es capaz de albergar más gente de la que parecería poder. Ahí somos extranjeros, en tierra de extraños. Y no importa cuánto tiempo pasemos intentando adaptarnos, la ciudad es extensa, enredada en sí misma, infinitamente compleja. En realidad, estamos solos.)

- Las personas son conceptos dinámicos, y yo también, y mi modo de conceptualizarlas también. Estoy alegre de haberte encontrado pero a veces no te soporto. No banco a nadie. Y al mismo tiempo, me gustaría saber todo sobre ellos, para entender finalmente, algo, una parte mínima de lo que son. Soy bueno en eso, y además tengo buena suerte. Pero también límites.

(Me mira como pidiéndome que cambie de tema. Bajo la cabeza hacia la mesa.)

- Me hubiera gustado que leas lo que escribí.

- Ya voy a leerlo...

02 septiembre, 2010

Acto Primero

(10:30, casa, despierto un poco tarde, inicio el día encendiendo la máquina, no desayuno, casi nunca, el día está soleado -como siempre- y eso hace tedioso el ver la pantalla)

א : qué hacés?
* : trabajo, vos?
א : nada, recién me levanto

en cuanto a lo del otro día
quería decirte que me dejó un sabor medio amargo

* : je, difícil aceptar la realidad?
א : ese es el punto
* : es lo que yo veo
א : no
es lo que vos
querés ver
no es un reflejo, es una refracción
* : bueno, pero si querés, todo se trata de eso
es un callejón sin salida
א : ok, yo sólo quería decir que estás negando otra cosa

* : a qué querés llegar con todo esto?

א : en realidad no sé
dejalo ahí
* : a veces no te entiendo
por qué salís con estas cosas?
por qué amagás? para qué, si al final no va a pasar nada
א : hay razones, siempre hay razones
* : pensás que sos el único que tiene que lidiar con sus problemas
no te das cuenta de que todos tienen sus infiernos?
א : es raro que me lo digas vos
que ves a todos como un
fondo
mudo
* : así los veo, pero no significa que así sean
no puedo hablar desde otro lugar que no sea el mío
pero los adivino menos sensibles tal vez
a la larga todos se dan cuenta de cómo es la vida, pero unos necesitan una vivencia única, desgarradora si querés, que les abra los ojos
otros lo venimos intuyendo desde hace rato
א : eso es bastante frívolo de tu parte...
* : pero
vos pensás lo mismo, no?

א : no sé

vi que leíste lo que escribí

* : sí

es una lástima que lo hayan borrado