03 septiembre, 2010

Acto Segundo

(Han pasado algunas horas. En el medio hubo mucho y no tanto: un almuerzo, un par de viajes en tren y colectivo, dos clases. Acordamos encontrarnos para cenar algo rápido antes de reunirnos con los demás. Sólo nos acompañan cuatro o cinco personas más, en sus respectivas mesas.)

- Estamos cerca
- Qué pocas ganas de ir que tengo...
- ¿Y entonces para qué venís? Quedate en tu casa y listo.
- Es que al final la termino pasando bien. Igual, el faltar, el estar ausente, a veces me da como una... no sé, satisfacción secreta, que no sé a qué se debe.
- No sabés... la bronca que me da cuando decís cosas así.

(Se enoja, mira para otro lado, un enojo desmedido que me enoja mucho más a mi.)

- Bueno, bueno, no es para tanto...

A veces no te entiendo. No entiendo tus modos de pensar. No... no es eso. En realidad los entiendo, a todo eso, tus estados de ánimo y formas de pensar. Dije cualquier cosa: los entiendo, pero no estoy de acuerdo con ellos. Son tan maleables, tan dinámicos, según la gente alrededor, según el medio por el que hablemos. Son como personas diferentes, no máscaras sino perfiles que salen a la luz de una forma u otra. Y lo peor es que no sé cómo elegir cuál es el que te representa mejor, creo que ninguno.
- Vos decís eso de todo el mundo. Pero vos también sos así. Cuando estás en tu casa parecería que no vas a salir más.

(Seguimos comiendo. El lugar es como un órgano pequeño implantado en el medio de la ciudad. Todo es rápido, casi frenético, cercano y asfixiante, el espacio se distorsiona y un cuarto chico es capaz de albergar más gente de la que parecería poder. Ahí somos extranjeros, en tierra de extraños. Y no importa cuánto tiempo pasemos intentando adaptarnos, la ciudad es extensa, enredada en sí misma, infinitamente compleja. En realidad, estamos solos.)

- Las personas son conceptos dinámicos, y yo también, y mi modo de conceptualizarlas también. Estoy alegre de haberte encontrado pero a veces no te soporto. No banco a nadie. Y al mismo tiempo, me gustaría saber todo sobre ellos, para entender finalmente, algo, una parte mínima de lo que son. Soy bueno en eso, y además tengo buena suerte. Pero también límites.

(Me mira como pidiéndome que cambie de tema. Bajo la cabeza hacia la mesa.)

- Me hubiera gustado que leas lo que escribí.

- Ya voy a leerlo...

No hay comentarios:

Publicar un comentario