El viaje era un juego de mitades: la constante búsqueda de la mitad del camino y la organización del viaje en torno a ello, la ruta dividiendo la eternidad en dos, partiéndola al medio, el descubrimiento de un horizonte que antes no era visible y que ahora expresa como nunca antes la no-unión entre el cielo y la tierra, ese paso gigante e infranqueable, esos polos irreconciliables, amantes que fueron separados de su lecho por el Tiempo.
El viaje, el camino, es una línea que marca la interfase, el choque; y a partir de ahí, los lados se van borroneando hacia el infinito, la nada, no hay manera de evitarlo. Bordeo un pueblo, empieza donde empieza el camino, al costado. Y luego... a uno le gustaría pensar que después de ese pueblo viene una montaña o un río, alguna especie de límite, de frontera, de final. Pero no. La realidad es que no hay un límite. El pueblo se va borroneando gradualmente y al final sólo queda el campo. Nada.
Los caminos están hechos así y el mundo está organizado en base a ellos, empieza donde ellos terminan. No son simples líneas, trazos con una sola dimensión. Son espacios y son tiempos, son lugares de eterna lucha y conflicto.
31 enero, 2010
24 enero, 2010
Gualicho
Me molestaba esperar entre la gente con sus bolsas y las frutas y verduras y los gatos y todo eso. Pero cerré los ojos -era la hora de la siesta- y esperé a que me atiendan.
- Y recién me vengo desde su casa. Estaba mal, la pobre, muy mal, muy mal, yo no sé por qué le tiene que pasar esto a uno pero hay que aceptarlo.
- ¿Y tiene idea de donde salió todo?
- ... Mirá, no sé, yo le dije y no me quiso escuchar: yo le dije que esto era un trabajo de alguien.
- Me hace acordar al hijo de mi prima. Mi prima, ¿vió? El hijo andaba loco, enamorado de una chica. Yo la conocí a la chica, simpática pero ¿viste cuando algo no te cierra? Yo la saludé y charlé con ella. Pero la chica se iba a Mendoza y se lo quería llevar con ella. Y el otro, pobre, estaba enamoradísimo, estaba como loco por ella. Y se fue, y no quería volver, no quería saber nada. La mamá le dijo, le pidió por favor, que vuelva, que vuelva por ella. Pero el chico no quería saber nada. Y si vieras allá, cómo vivían. La mamá siempre decía algo de un cinturón que ella le había regalado, y el nene lo usaba siempre. Yo no sé mucho sobre eso, pero quisieron sacarle el cinturón, llevárselo, tirarlo, le dijeron y todo pero el chico no quería saber nada de nada. Mirá, la mamá fue, y le pidió, por ella, que vuelva y el chico nada. Es serio el asunto, estas cosas... son fuertes ¿no?
- ¿Y entonces? ¿Qué pasó, se quedó a vivir allá?
- No no, lo convencieron al final. El papá le compró un auto y se volvió a Buenos Aires nomás. Está viviendo acá con los padres, otra vez.
- Ay, bueno, qué suerte que al final salió todo bien...
Abrí los ojos y no pude evitar sonreírme. La ciudad demanda nuevas reglas, acá no hay gualicho que valga. Las moscas deambulaban por la piel de las frutas, quedaban dos personas adelante mío.
- Y recién me vengo desde su casa. Estaba mal, la pobre, muy mal, muy mal, yo no sé por qué le tiene que pasar esto a uno pero hay que aceptarlo.
- ¿Y tiene idea de donde salió todo?
- ... Mirá, no sé, yo le dije y no me quiso escuchar: yo le dije que esto era un trabajo de alguien.
- Me hace acordar al hijo de mi prima. Mi prima, ¿vió? El hijo andaba loco, enamorado de una chica. Yo la conocí a la chica, simpática pero ¿viste cuando algo no te cierra? Yo la saludé y charlé con ella. Pero la chica se iba a Mendoza y se lo quería llevar con ella. Y el otro, pobre, estaba enamoradísimo, estaba como loco por ella. Y se fue, y no quería volver, no quería saber nada. La mamá le dijo, le pidió por favor, que vuelva, que vuelva por ella. Pero el chico no quería saber nada. Y si vieras allá, cómo vivían. La mamá siempre decía algo de un cinturón que ella le había regalado, y el nene lo usaba siempre. Yo no sé mucho sobre eso, pero quisieron sacarle el cinturón, llevárselo, tirarlo, le dijeron y todo pero el chico no quería saber nada de nada. Mirá, la mamá fue, y le pidió, por ella, que vuelva y el chico nada. Es serio el asunto, estas cosas... son fuertes ¿no?
- ¿Y entonces? ¿Qué pasó, se quedó a vivir allá?
- No no, lo convencieron al final. El papá le compró un auto y se volvió a Buenos Aires nomás. Está viviendo acá con los padres, otra vez.
- Ay, bueno, qué suerte que al final salió todo bien...
Abrí los ojos y no pude evitar sonreírme. La ciudad demanda nuevas reglas, acá no hay gualicho que valga. Las moscas deambulaban por la piel de las frutas, quedaban dos personas adelante mío.
22 enero, 2010
El primero
El mayor abandonó Europa a mediados de siglo, casado, con promesas bajo el brazo y ningún plan en mente. Buenos Aires atravesaba una metamorfosis lingüística: el italiano se iba impregnando imperceptiblemente a la lengua castellana en el habla doméstica, y el inglés llegaba etiquetado a diferentes cosas que se importaban desde el centro del mundo. A duras penas podía lidiar la pronunciación española con estos dos idiomas, pero al final siempre encontraba el modo de articularlos.
El mayor huía de la guerra y de la matanza, la columna hueca de ladrillos, alzada contra el cielo y vomitando sobre él.
Caminó por Buenos Aires, por las calles angostas y muros altos que exhalaban la opresora e inédita experiencia de la ciudad. Para él era éste el lugar donde todo podía pasar, el otro lado: todo era grande pero además, estaba vacío. Vacíos los espacios, vacíos los puestos, vacías las casas, vacíos los ojos. Como la columna hueca de su tierra, como la distancia que lo separaba ahora de allí. La ciudad vacía, la ciudad azul que se había ido desgastando y ahora era sólo gris.
Siguió caminando y cruzó el río.
El mayor huía de la guerra y de la matanza, la columna hueca de ladrillos, alzada contra el cielo y vomitando sobre él.
Caminó por Buenos Aires, por las calles angostas y muros altos que exhalaban la opresora e inédita experiencia de la ciudad. Para él era éste el lugar donde todo podía pasar, el otro lado: todo era grande pero además, estaba vacío. Vacíos los espacios, vacíos los puestos, vacías las casas, vacíos los ojos. Como la columna hueca de su tierra, como la distancia que lo separaba ahora de allí. La ciudad vacía, la ciudad azul que se había ido desgastando y ahora era sólo gris.
Siguió caminando y cruzó el río.
20 enero, 2010
El pueblo
Siringe estaba metido entre las montañas y muy lejos, no era fácil llegar ahí para nadie ni para nada. Por eso parecía perdido en el tiempo: la guerra y la tecnología del siglo XX habían pasado por allí tan levemente como un rumor, y Siringe había permanecido indiferente, como si no le afectara demasiado. Ya le afectaría, era inevitable. Pero en ese entonces parecía más cercana al siglo diecinueve que al veinte. La ley y el estado no estaban o no importaban demasiado. Había cosas sin duda más importantes.
Cuando visité Siringe hace unos años, era muy diferente de como me lo habían pintado. Ahora, lejos de ser un pueblo, era una pequeña ciudad. Parecía más gris y los autos giraban a su alrededor. Pero no esperaba mucho más. El daño llegaría tarde o temprano, y acá ya se había retrasado bastante. Esta ciudad no me importaba.
Me importaba un pueblo que nunca podría conocer personalmente. Un pueblo soleado y con sus propias reglas, por donde correteaba y bailaba la gente que yo conocía desde siempre y ellos me conocían a mí.
Cuando visité Siringe hace unos años, era muy diferente de como me lo habían pintado. Ahora, lejos de ser un pueblo, era una pequeña ciudad. Parecía más gris y los autos giraban a su alrededor. Pero no esperaba mucho más. El daño llegaría tarde o temprano, y acá ya se había retrasado bastante. Esta ciudad no me importaba.
Me importaba un pueblo que nunca podría conocer personalmente. Un pueblo soleado y con sus propias reglas, por donde correteaba y bailaba la gente que yo conocía desde siempre y ellos me conocían a mí.
19 enero, 2010
Los amantes
Entré y no veía nada. Entré por varias razones. En primer lugar tenía ganas de ver a un amigo que hace tiempo no veía. En segundo lugar tenía más ganas de escuchar un poco de música en vivo, de cualquier tipo, al fin y al cabo en vivo y en directo todo suena copado y podés estar viendo cualquier cosa pero te la bancás e incluso es fácil que te guste. Por último, quería conocer aquél lugar desde hacía mucho tiempo: me lo habían recomendado, me habían invitado pero yo nunca había ido. Así que fui, entré y no veía nada. Y sentía que me veían todos, caminé a ciegas unos metros y traté de sentarme donde pude y no sé dónde era eso exactamente. Había mucha gente fumando y charlando, mi amigo había quedado atrás.
Pero la música estaba buena y estando sólo estaba mejor, no tenía que estar pendiente de otra cosa. La música era sencilla, tocaban bien pero nada del otro mundo, no había que prestar demasiada atención. Ni siquiera sé cómo se llamaban, por ahí no tenían un nombre, es algo difícil de encontrar.
Pero...¿cómo llegué ahí? Bueno, me había invitado otro amigo que conocí una vez en un bar. No soy de los que conoce gente en el bar pero a este chico me lo presentaron y yo estaba de un humor excepcional aquel día, así que comenzamos a charlar sin esos extraños espacios en blanco que suelen suceder en mis conversaciones con gente que no trato. Ahora, no, yo no lo llamaría amigo exactamente. No... digamos conocido. Este conocido me invitó, porque él iba a leer algunas de sus cosas, y no tenía ganas de ir pero al final me convencieron. Fui.
Y ahora estaba ahí arriba -no tan arriba- en el escenario saludando contento a los que habían ido. Y miraba especialmente a una persona, que estaba sentada cerca mío. Muy cerca mío. Yo la conocía también, del mismo modo que conocía a casi todos los que estaban en ese cuarto. Pero lo más gracioso es que muy pocos me conocían a mi. Yo sabía mucho de ellos, sus relaciones entre sí, sus sentimientos entre sí, sus nombres y caras pero ellos no tenían idea de eso ni de nada. Eran músicos, escritores y actores pero no tenían idea de nada. Eran como niños, autómatas, ellos simplemente vivían y no miraban para atrás ni para adelante ni quiénes los miraban. Qué extraños me parecían, pero ¿les tenía celos? Supongo que no. Tal vez en otra época pero justo ahora no. Mi vida iba de modo distinto al de ellos y eso estaba bien. No pertenecía.
Aún así, los conocía y ellos no a mí y entendía muchas cosas. No es todo importante pero mi amigo el de arriba del escenario miraba a esta chica sentada cerca mío y era tan claro.
Empezó a leer pero no dejó de mirarla. En los pequeños intervalos del final de cada estrofa levantaba la vista. Le prestaba más atención a ella que a su novia, era clarísimo, pero nadie se avivaba. Tal vez yo no me habría avivado, pero de alguna manera siempre termino enterándome y conociendo la vida secreta de los otros. No era una especie de chusmerío lo mío. No... eso es un trabajo activo, cuando lo mío era más bien algo pasivo: simplemente, el mundo se desarrollaba a mis pies, a mis ojos. Yo estaba quieto, estático en la nada y esa gran bola de nudos se enredaba y desenredaba eternamente ante mí, como queriendo hacerme entrar en ella pero sin conseguirlo. Porque yo estaba fuera de eso, sentía que en el mundo, mi único rol era el de la tercera persona.
Mientras tanto, ellos podrían seguir jugando y contándome por separado sus aventuras, yo no iba a decir nada, los dejaría continuar en su mundo, amándose y odiándose sin transiciones ni medio-tiempos, creyendo que no existía nada más que sus manos entrelazadas y el techo y las almohadas grises de aquél departamento de Caballito donde iban a parar todas las tardes, y aunque a la noche ya no supieran cómo reiniciar el juego, yo sabía que volverían una y otra y otra vez.
Pero la música estaba buena y estando sólo estaba mejor, no tenía que estar pendiente de otra cosa. La música era sencilla, tocaban bien pero nada del otro mundo, no había que prestar demasiada atención. Ni siquiera sé cómo se llamaban, por ahí no tenían un nombre, es algo difícil de encontrar.
Pero...¿cómo llegué ahí? Bueno, me había invitado otro amigo que conocí una vez en un bar. No soy de los que conoce gente en el bar pero a este chico me lo presentaron y yo estaba de un humor excepcional aquel día, así que comenzamos a charlar sin esos extraños espacios en blanco que suelen suceder en mis conversaciones con gente que no trato. Ahora, no, yo no lo llamaría amigo exactamente. No... digamos conocido. Este conocido me invitó, porque él iba a leer algunas de sus cosas, y no tenía ganas de ir pero al final me convencieron. Fui.
Y ahora estaba ahí arriba -no tan arriba- en el escenario saludando contento a los que habían ido. Y miraba especialmente a una persona, que estaba sentada cerca mío. Muy cerca mío. Yo la conocía también, del mismo modo que conocía a casi todos los que estaban en ese cuarto. Pero lo más gracioso es que muy pocos me conocían a mi. Yo sabía mucho de ellos, sus relaciones entre sí, sus sentimientos entre sí, sus nombres y caras pero ellos no tenían idea de eso ni de nada. Eran músicos, escritores y actores pero no tenían idea de nada. Eran como niños, autómatas, ellos simplemente vivían y no miraban para atrás ni para adelante ni quiénes los miraban. Qué extraños me parecían, pero ¿les tenía celos? Supongo que no. Tal vez en otra época pero justo ahora no. Mi vida iba de modo distinto al de ellos y eso estaba bien. No pertenecía.
Aún así, los conocía y ellos no a mí y entendía muchas cosas. No es todo importante pero mi amigo el de arriba del escenario miraba a esta chica sentada cerca mío y era tan claro.
Empezó a leer pero no dejó de mirarla. En los pequeños intervalos del final de cada estrofa levantaba la vista. Le prestaba más atención a ella que a su novia, era clarísimo, pero nadie se avivaba. Tal vez yo no me habría avivado, pero de alguna manera siempre termino enterándome y conociendo la vida secreta de los otros. No era una especie de chusmerío lo mío. No... eso es un trabajo activo, cuando lo mío era más bien algo pasivo: simplemente, el mundo se desarrollaba a mis pies, a mis ojos. Yo estaba quieto, estático en la nada y esa gran bola de nudos se enredaba y desenredaba eternamente ante mí, como queriendo hacerme entrar en ella pero sin conseguirlo. Porque yo estaba fuera de eso, sentía que en el mundo, mi único rol era el de la tercera persona.
Mientras tanto, ellos podrían seguir jugando y contándome por separado sus aventuras, yo no iba a decir nada, los dejaría continuar en su mundo, amándose y odiándose sin transiciones ni medio-tiempos, creyendo que no existía nada más que sus manos entrelazadas y el techo y las almohadas grises de aquél departamento de Caballito donde iban a parar todas las tardes, y aunque a la noche ya no supieran cómo reiniciar el juego, yo sabía que volverían una y otra y otra vez.
18 enero, 2010
(Falsa) Introducción
"¿Por qué no escribí esto antes?" Bueno, eso es relativo. En realidad ya tenía un blog -y lo sigo teniendo- y en realidad no lo entiendo demasiado. No entiendo su sentido, para qué sirve. Tampoco sé bien para qué sirve éste pero supongo que es para cagarme de risa un rato y para que los demás también. Conmigo y de los demás. O de mi y con los demás. O como quieran.
¡Pero no piensen que soy yo! Oh, no, esto está muy lejos de ser yo. Está lejos de ser ellos y está lejísimos de ser yo mismo. Creo que está mucho más cerca de ser vos que de cualquiera. Se larga a llover, estalla la tempestad. Mejor. Si sigue de largo y pasa por arriba como un fantasma azul sería una desilusión. Ahora una cortina de agua choca contra el techo y todo el calor del día queda olvidado. Las ventanas están cerradas pero si estuvieran abiertas tampoco importaría demasiado. Esto está bien... esto está muy bien.
Bueno, no sé si está tan bien, tal vez no esté bien.
Sé muy pocas cosas pero si hay algo de lo que estoy seguro es que todos mienten. Y de alguna manera eso es una premisa para leer esto. Nadie está diciendo realmente la verdad, los que hablan con gran elocuencia, persuasión, diciéndote apasionadamente que están siendo honestos podrían estar mintiendo descaradamente de todos modos. Y el discurso que se nos muestra deformado, manipulado, caricaturizado puede ser sin problemas una versión de la verdad. De una verdad de la que sólo hay diferentes versiones y cuya forma es sólo una máscara.
¡Pero no piensen que soy yo! Oh, no, esto está muy lejos de ser yo. Está lejos de ser ellos y está lejísimos de ser yo mismo. Creo que está mucho más cerca de ser vos que de cualquiera. Se larga a llover, estalla la tempestad. Mejor. Si sigue de largo y pasa por arriba como un fantasma azul sería una desilusión. Ahora una cortina de agua choca contra el techo y todo el calor del día queda olvidado. Las ventanas están cerradas pero si estuvieran abiertas tampoco importaría demasiado. Esto está bien... esto está muy bien.
Bueno, no sé si está tan bien, tal vez no esté bien.
Sé muy pocas cosas pero si hay algo de lo que estoy seguro es que todos mienten. Y de alguna manera eso es una premisa para leer esto. Nadie está diciendo realmente la verdad, los que hablan con gran elocuencia, persuasión, diciéndote apasionadamente que están siendo honestos podrían estar mintiendo descaradamente de todos modos. Y el discurso que se nos muestra deformado, manipulado, caricaturizado puede ser sin problemas una versión de la verdad. De una verdad de la que sólo hay diferentes versiones y cuya forma es sólo una máscara.
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