A veces lo veía pasar y lo seguía con la vista. Si lo cruzaba, nos saludábamos. Si el cruce era más indirecto, probablemente no. Casi siempre era de noche. Los árboles tapaban la luz naranja desde el foco y la calle se oscurecía como si estuvieran pasando ballenas un poco por encima de los cables. Ballenas como nubes, ballenas cruzando el aire húmedo y fosforescente del barrio. Su chorro podría ser de niebla, pero no es época de niebla. Su chorro podría ser lluvia pero entonces no estaba lloviendo. Era como una condensación de la oscuridad que iba pasando, y dejaba una sensación de sonido que no existía, porque era todo silencio, un sonido como de canto demasiado prolongado, o de las hojas sacudidas por el viento creado por el aleteo de la cola. Una ballena azul, en cuya sombra se amuchaban ojos de gato, bolsas de plástico, repartidores de pizza y otros caminantes, que luego del paso de la ballena parecía que salían de la nada. No la seguían barcos balleneros, solamente a su pasaje por el túnel de la calle podía seguirle el de otras, a velocidades diferentes. Tal vez los cazadores eran el conjunto de sujetos que se ocultaban bajo su vientre, pero no lo creo; ahí encontraban el refugio de la sombra y si lloviera no se iban a mojar.
De una de esas olas oscuras salió él, nadando despreocupadamente, con las manos en el bolsillo, fumando. No había muchas personas más que podía cruzarme tan tarde. Mientras nos acercábamos, miré para otro lado, con el propósito de volver a mirarlo cuando estemos a unos, no sé, diez o quince pasos. Hizo lo mismo. El saludo pasó como pasaron todas las otras casas y esquinas, un rato después me volví a mirar para dónde doblaba. A la derecha, eso no me dijo nada. Como no me decía nada lo poco que sabía de él. Y me costaba creer incluso eso. ¿Que no trabajó nunca, que estuvo fuera de esa línea de montaje toda su vida?¿Que no hacía nada de su tiempo? Más que sumar, esas pocas cosas abrían el agujero de la desinformación hasta que se estaba peor que en la posición inicial. ¿Cómo mantenerse afuera de todo y continuar con vida? Cagando a los demás, sin duda. Pero aún así no me entraba en la cabeza.
No siento nada, aprendí a filtrar todo, a amortiguar mi percepción y mi relación con el mundo, como si todo fuera un juego que no es tan importante ganar. Por eso no me importa usar el dinero que no gané, no me importa lo que piensen, no me importa lo que me pueda pasar si sigo caminando solo por acá, no pienso darme vuelta para ver si alguien se acerca. El tiempo se me pasa yendo de un lado a otro y sin motivo. Conozco algunas personas, pero no me interesan demasiado. Me siento solo, creo que no debería estar solo pero no hay nadie. En algún momento todo se va a la mierda, sé que esto está estirado a más no poder, pero aguanta todavía. Lo más sabio sería huir antes de que explote pero sé que no lo voy a hacer.
Por ahí no las siguen los barcos, pero él perfectamente podría estar acechándolas todo el tiempo en su carrera por el asfalto, las seguiría hasta el fin del mundo, hasta el otro océano, al este del este, y ahí todo tendría un final turbio y súbito. Luego sólo el naufragio de un hombre. Se irían esparciendo y alejando entre sí, y el mar volvería a ser otra vez lo que siempre fue: una tierra sin referencias, límites ni direcciones, tierra yerma.
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"If there's a book that you want to read, but it hasn't been written yet, then you must write it." — Toni Morrison
ResponderEliminarEncontré esta frase copiada en un cuadernito y me hizo acordar a lo que dijiste sobre cómo me(nos) afectó la materia (tengo cosas de Morrison y cía por todos lados jaja)
Pero esta frase me gusta muchoo como premisa o utopía de escritura...
Quizá a vos también te gusta/sirve, te la presto(?) por un ratito...
Exacto, y al revés, los libros que más nos gusta leer son los que sentimos que podríamos escribir.
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