Estaba cerca y ya estaba oscuro. El colectivo ya se había alejado. Caminé, por alguna razón dejé de hacer siempre el mismo camino: dicen que es bueno para la memoria y es menos aburrido. Claro que con abrir otro camino se abrían otros riegos pero también otras ventajas. Lo nuevo, una vez más. Esta vez decidí ir por una calle con poca iluminación.
Una vez pasadas las vías, tal vez, empiezo a sentir que estoy volviendo, o que estoy cerca. O que casi estoy en casa, cuestión de dar unos dos o tres pasos. Si vengo en tren, el problema es cruzar el río: una vez que lo cruzo ya está todo bien. Pueden pasar muchas cosas pero estoy cerca.
Lo céntrico y lo público y lo masivo empieza a desfigurarse, después de las vías, y queda esa seguridad que algunos llaman barrio, que no es ninguna seguridad. Al menos no en el mío, todo lo contrario. A veces quiero engañarme diciendo que conozco mejor el terreno y tengo más posibilidades de supervivencia, pero vamos, que se sabe que la ciudad borró todos esos rasgos de la geografía. A veces, desde lejos, pueden adivinarse, allá había una subida, acá una bajada. Pero no sirve para nada. En la ciudad no hay direcciones. Y la geografía no se ve, sino que apenas se siente. Como siento la subida antes de llegar.
Hace mucho tiempo no podía conciliar el sueño y ahí fue cuando empecé a dormir al revés: con los pies para el lado de la cabecera. Y así dormí bien por mucho tiempo, me sentía cómodo. Pero últimamente, estaba leyendo apoyado contra la cabecera y no tenía ganas de darme la vuelta a la hora de dormir entonces poco a poco volví a la posición normal. Y así como volvió lo normal seguro que vuelve lo anormal.
Hay veces que me paro a pensar.¿Se dan cuenta?¿Te das cuenta?¿Me leés?¿Te das cuenta de que me doy cuenta?
La verdulería ya está cerrada, los perros siguen ahí. Por todos lados, siempre. Hoy corté verduras. Es algo que me gusta hacer, escuchando música. El ají verde, luego el rojo, luego el amarillo -mi favorito-, después zanahoria, después cebolla. Probé lo del agua en las muñecas, no funciona. El cuchillo sigue yendo y volviendo. Va, rojo, vuelve, amarillo, va, amarillo, vuelve. Siento a Macca en los pies. Estuvo lloviendo todo el día y ahora no tanto.
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no, lo de las cebollas no funciona para nada...
ResponderEliminarte voy a decir dos cosas... la primera es que.. lo de la cebolla no funciona y no recuerdo quien dijo semejante estupidez... y segundo, por mas que conozcas tu barrio de memoria.. tus chances de supervivencias son casi nulas... titino
ResponderEliminarque sorpresa no?