24 mayo, 2010

Reencuentro

Habíamos coincidido en una fiesta y estábamos casi rodeados de extraños, así que arreglamos para irnos juntos los antes posible. Lo logramos una hora después de vislumbrarnos entre el resto de la gente y saludarnos con entusiasmo. Salimos a la calle y empezamos a caminar hacia la avenida principal, conversando. Estábamos cerca, así que antes de lo esperado, yo me dispuse a saludarlo y seguir para mi lado.
- ¿Te molestaría ir a tomar algo?¿Estás ocupado?
La invitación me sorprendió. Pensaba que más allá de alguna ligera preocupación, a él no le importaba demasiado hablar conmigo. Supongo que el tiempo que pasamos juntos se debió más a la coincidencia de amigos que a otra cosa. Lo pensé un momento y me pareció agradable así que decidí aceptar.
- Sí, está bien.¿Vamos allá?
Entramos en un café que estaba en frente. Había pocas personas, unas de a dos y otras solas, leyendo o con su PC portátil. Nos sentamos en un rincón y pedimos algo que nos permita quedarnos ahí. La chica se fue, con dos cafés anotados.
- Es raro pero antes me incomodaba quedarme a solas con vos, no sabía de qué hablar.
- Y yo seguramente no ayudaba. Perdón, prefiero el silencio a conversaciones sin sentido.
- Sí... y ahora en cambio me siento muy bien, como si tuviera razones para hablarte y cosas que contarte pero creo que en el fondo no las tengo.
Nos colocaron dos tazas de café adelante, la mía era doble.
- En estos últimos meses estuve muy lejos de todo, más de lo normal, y siento que perdí todo tipo de relación con mi mundo de antes. Vos no sos la excepción, en realidad. No sé bien si incluirte en ese pasado o no, porque nunca estabas. Como si estuvieras fuera del marco de la foto. Y al mismo tiempo sos ya lo único que me une a ese pasado.
- ¿Para tanto?
- Sí, creo que no exagero. Es imposible un reencuentro a estas alturas. Porque no hay razones. Simplemente se van alejando y no se puede evitar, y al final me voy olvidando de todos. Extraño esos momentos pero... no hay nada que hacer.
No, claro que no. Esto pasa siempre. Es lo que me pasó con él. Todo esto no era un regreso a los viejos tiempos, no era un reencuentro en ese sentido. Era sólo un posiblemente último cruce significativo de nuestras vidas antes de la gran distancia, un bucle caprichoso del destino antes del paralelismo absoluto.
- ¿Te acordás...-le digo- de ese verano? Lo que siguió después fue algo muy borroso y quizás fue ahí cuando pasó todo. Pero ese verano todo estaba bien. El cielo brillaba más que nunca y teníamos energía para todo; incluso yo, que ya me molesta ir a atender el teléfono. Nos juntábamos casi todos los días, tratando de no mirar para adelante. Yo tenía un disco nuevo y a todos les gustó, pero en una de esas tardes, no sé cómo, mi reproductor de CD dejó de funcionar. También tiramos sillas a la pileta, caminamos por la ciudad como si fueran las tres de la mañana pero en realidad eran las siete de la tarde. Entonces encontré la pieza de un puzzle que estaban armando, me bastó una mirada a la mesa donde estaban expuestas las no sé cuántas piezas posibles...
Me mira divertido: no debe recordar eso porque no son cosas importantes. Pero para mi esos recuerdos son el aura de esa época.
- ¿Sabés que siempre pensé que el que iba a alejarse de todos era yo? Lo sentía venir y había razones para que eso pase. De cualquier manera, no esperaba que te pase a vos...
- Ni yo.-me responde- De hecho yo también estaba seguro de que ibas a ser vos quien se vaya.
¿El porqué?¿Por qué esa seguridad de que alguien iba a irse? Por ahí es cosa mía, pero no pude dejar de pensarlo jamás. En grupos siempre sentía que de repente alguien iba a empezar a ser visto como si se hubiera convertido de un día para el otro en un insecto gigante, leía en las pequeñas oscilaciones de las relaciones entre nosotros, me parecía inevitable que de la conjunción y colisión de nuestras identidades surja, a la larga, una síntesis y versión mejorada y simplificada de grupo, más perfecta y libre del miembro redundante. Y tampoco me molestaba tanto aceptar ese rol. Hasta entonces no me había importado. Tal vez, sin darme cuenta, luché para quedarme y me sorprendí cuando la simplificación vino por otro lado: yo seguía estando adentro. Después de eso, siempre procuré evitar los grupos pequeños y me fue bastante bien.
Un rato más tarde salimos y nos despedimos. No sentía tristeza y creo que él tampoco: parecía haberse quedado pensando en sus propios recuerdos de ese verano. Esperé a que suba al colectivo y lo saludé. Me hubiera gustado acompañarlo, pero eso no habría tenido sentido. Me fui caminando, se había hecho tarde.
No tanto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario