03 mayo, 2010

Revelado

Que haya un público termina siendo más bien un problema. O por ahí son dos cosas bien distintas que valdría la pena plantear. Una función es la del contar, el desparrame de la noticia, el movimiento exógeno del yo hacia el mundo, y algo que parece estar más relacionado con la oralidad. Lo otro es la introspección o una implosión de la conciencia, un instinto de muerte, todo eso que se escriba morirá con el sujeto, y es justamente la escritura la expresión de este movimiento. Claro que la función principal de la escritura es lo contrario y es más una expansión de los límites de la oralidad en cuanto a la circulación de información. Pero la escritura es también oculta y ocultante, puede ser un código común así como un código secreto.
Los otros son parte de lo primero. Y tal vez no exista lo segundo sin ellos.
Los otros, además, son el límite. La escritura tal vez pueda romper o jugar con ese límite. Frente a esa frontera del poder decir, poder escribir, se puede apelar a la frontera de la legibilidad, pudiendo decir todo de manera encriptada y sin necesidad de hacerse cargo de lo dicho.
La escritura totalmente libre y desnuda es seguramente la que no se muestra.

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