07 julio, 2010

Migración

Y esos fueron tus años más felices, el tiempo no pasaba y ¿por qué despegar los ojos de esa tierra soleada y descalza?¿Por qué abandonar Siringe?¿En busca de qué? Los trabajos y los días y las noches quedaron atrás y lejos y seguiste a mucha gente. Y mucha gente te siguió, fuiste el primero de muchos. Tal vez nunca tendrían que haber abandonado Siringe, de cualquier manera, fue ese el único lugar donde querían estar.
Te siguieron tus parientes y amigos, tus canciones, tus historias y todo eso, y vinieron para acá. Y es que hubo mucho de Siringe acá, al menos por un tiempo, antes. Eso es lo que buscabas, ¿no?. Supongo que lo lograste en cierto momento. Pero las reglas de este lado eran diferentes. No había montañas, ni bosque y todo estaba cerca de todo y crecía cada vez más. Al final, la ciudad arrolló a ese pequeño pueblo mitad real mitad imaginario, reflejo de uno muy lejano, más real y más imaginario. Terminó antes de nacer pero no fue el final. Todavía, cuando doblo una esquina o cruzo una calle, cuando me doy cuenta de que -aunque yo no- todos se conocen entre todos, entonces siento que no estoy tan lejos de Siringe, o que esto es Siringe.
Siempre quedan rastros, hay que aprender a leerlos.
Como ese video en el que están todos, una noche (¿de verano?), celebrando no sé qué. Vos estás asando castañas y atrás está tu cuñado, tu hermano, sus hijos y un gato negro. Cambio de escena. Todos a la mesa, la misma mesa de siempre, y sentados los mismos de siempre, algunos que ya no están. Y ahí, sí, a la izquierda, ahí estoy yo también, pero no tengo idea de nada. El tiempo y el vino van pasando, empiezan a tocar canciones, con una guitarra. Las canciones de allá y las de acá, las viejas y las nuevas, las primeras versiones que escuché y que fueron para mi las originales. No sé si son recuerdos primarios o recuerdos de ver ese video tantas veces. No creo que importe mucho.

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