18 marzo, 2010

Una cena

Era inesperado, en el sentido de que cayó sin que nadie lo espere y que realmente nadie -creo- lo esperaba, porque no es alguien que alguien -o yo- esperaría. De cualquier modo, cayó sin que nadie lo invite y el panorama de la cena de repente pasó a ser más una molestia que otra cosa, ahora quería que todo termine lo más rápido posible. Anunció su llegada y enseguida lo tuve frente a mis ojos. La atmósfera cambió, como si en una estantería de mi casa encontrara un objeto que no pertenecía pero que tampoco podía sacar de ahí, terminaba arruinando toda ese hábitat simbiótico que era la repisa. Opté por reducir mi intervención en la charla y en todo a lo más mínimo, y me quedé callado mirando y escuchando de qué hablaban los demás. Eso siguió siendo un error. Porque él empezó a hablar y a hablar de él y creo que es imposible que eso no pase. Cada algunas frases yo notaba alguna malapalabra y eso no podía dejar de irritarme. No por la malapalabra en sí, al contrario, sino que me pareció estúpido en él usarla, eran pequeños sonidos que escapaban a la naturalidad del relato, como si fueran artificiales, como si quisiera parecer copado hablando de esa manera. Qué le vamos a hacer, hay palabras que a determinada gente no le quedan, y si las usan es para mal. Por ejemplo, a mi no me quedan muy bien la mayoría de los argentinismos, y si los uso, tropiezo y titubeo antes de largarlos, y después me arrepiento, claro. Palabras como bondi, faso, cana, pibe entre otras. A veces las uso irónicamente, pero eso es otro tema. El che, en cambio, lo tengo muy pegado -pero ¿quién no?- y también hay otras palabras que sólo me funcionan por escrito.
En resumen, este tipo era una idiota, y esa era una de mis razones para pensar eso. Algo que me dejaba tranquilo porque siempre pensé que pensaba que era un idiota porque mi papá lo creía y lo decía una y otra y otra vez, hasta que yo había terminado por convencerme.
Siguieron hablando de él, mientras comíamos. En algunos momentos, trataba a la gente como si quisiera dejar claro lo que él podía hacer y hacía; hizo eso muchas veces y yo pensaba "Dios, que tipo más boludo". La pedantería, lejos de darme bronca, me despierta lástima, algo que es muy lógico. Me daba igual. Al final, dejé de prestarle atención y me fui antes y fue un alivio.
Mientras caminaba a mi casa me puse a pensar en cómo ciertas personas son capaces de mantener gente a su alrededor, dentro de su campo de gravedad. Es realmente un misterio que haya gente que se banque eso, supongo que hay gente para todo. Al final, yo tampoco entiendo como mantengo gente alrededor mío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario