23 agosto, 2010

Origen

Ciudad, una vez más soy el primero en acostarme y el último en dormirme en tu estómago. El ingreso en el sueño es una ilusión, sólo hay una sucesión de sueños que no termina más. Creas en lo que creas, siempre va a aparecer algo que no vas a poder entender y que es la explicación de todo. Y los sueños se remiten infinitamente a una realidad con la que tal vez nunca hayan tenido contacto.
A las tres ya sé que estoy adentro. Todo está formado de ramas y raíces -y a veces no alcanzo a distinguir si es una u otra-, camino sobre ellas, pero están muy lejos de seguir una composición arbórea, es todo lo contrario: la verdadera forma onírica. La corteza parece la de un tilo. Los planos y ejes no existen más, el camino es cortado y crece de nuevo. El piso suena a madera y lo sigue siendo, pero cuando miro abajo estoy caminando por un suelo de tablas, cálido, y adelante ahora, la media-sombra de las hojas se oscureció, voy por un pasillo, y todo va disolviéndose con el vapor que llega desde el final. ¿Qué hay ahí? Se va nublando...

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